DOLOR LUMBAR
Se denominan lumbalgias (dolor lumbar) a todos los síndromes dolorosos que acontecen o se originan en la región lumbar (zona baja de la espalda) y que pueden abarcan también zonas anatómicas distales cuya inervación sensitiva corresponde a las raíces nerviosas de las vértebras lumbares o de la primera raíz sacra, y que provocan una extensión o irradiación del dolor a la zona glútea y pierna en función del nivel o posición de la raíz nerviosa afectada (en este caso se denomina ciática).
La lumbalgia es la afección osteomuscular con mayor prevalencia y la principal causa de discapacidad en todo el mundo. Casi todas las personas padecen lumbalgia en algún momento de la vida, pero el número máximo de casos se suele dar entre los 50 y 55 años de edad, su prevalencia y cronificación aumenta a medida que la población envejece y es más frecuente en mujeres. La lumbalgia es un grave problema de salud pública por ser una causa frecuente de bajas laborales, discapacidad y disminución de la calidad de vida del paciente, insomnio, ansiedad y depresión. Origina una gran carga de enfermedad por sus costes directos (pérdida o disminución de la capacidad productiva y uso de urgencias, consultas médicas, hospitalización y rehabilitación) e indirectos (bajas laborales e incapacidades).
SINTOMATOLOGÍA Y CLASIFICACIÓN
En función de su duración, la lumbalgia puede ser aguda (dura menos de 6 semanas), subaguda (6 a 12 semanas) o crónica (más de 12 semanas).
Las lesiones traumáticas agudas de la zona lumbar por torsión excesiva del tronco o por esfuerzo de flexo-extensión en posturas inadecuadas (carga de peso excesiva sin protección lumbar) suelen provocar lumbalgias mecánicas. Se caracterizan por aparecer de forma aguda y la mayoría de veces brusca, con gran impotencia funcional y que mejoran con el reposo, la sedestación o la posición fetal. El dolor puede o no irradiarse en función de su gravedad y extensión de la lesión, y se acompaña de una rigidez de reposo de menos de 5 minutos de duración y no suele interferir con el sueño. Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente entre los 35-40 años y a partir de los 60.
Por otra parte, las lesiones inflamatorias, degenerativas, metabólicas, infecciosas y neoplásicas que afectan a la columna lumbar (hernia discal, espondilosis u osteoartrosis de columna, fracturas vertebrales osteoporóticas) suelen ser subagudas o crónicas. El origen del dolor suele estar en las articulaciones facetarias, el disco intervertebral, las placas vertebrales y las articulaciones sacroilíacas y se caracteriza por su inicio lento y progresivo, que aumenta con el esfuerzo o con determinadas posiciones pero que no cede con el reposo, que suele mantenerse durante el descanso nocturno, interrumpiéndolo, y a veces obliga a levantarse de la cama y cambiar la posición para aliviar el dolor. Se acompaña de rigidez matutina o de reposo que dura por lo menos 45 minutos. Suele afectar a la zona glútea y puede irradiar por la pierna.
Ambos cuadros pueden fácilmente confundirse entre ellos porque tras su instauración se produce una contractura refleja de los músculos lumbares que aumenta el dolor y limita la movilidad. En muchas ocasiones puede comprometer alguna raíz lumbar y acompañarse de síntomas neurológicos como debilidad muscular, hormigueo y parestesias.